jueves, 29 de marzo de 2007

martes, 27 de marzo de 2007

sábado, 24 de marzo de 2007

Biocaricatura: Buster Keaton


Buster Keaton: También llamado Bus "terquito" porque era más tozudo que una mula. Actor, productor, guionista y director, lo hacía todo (como Amenábar). Nacido en Kansas de Norteamérica en 1896, filmó un montón de cortometrajes y largos, pero todos mudos: nunca pudo hacerse oír en Hollywood.

Un día de niño, jugando al béisbol, cayó en el patio y sangró resina por una mejilla. Desde entonces le llamaron "cara de palo" y comenzaron a usar su cabeza como bate.

Sus iniciales B.K., resumen bien su trayectoria de estudiante aplicado al que el estado pagó los estudios; que no abandonó hasta el día de su fallecimiento en 1966 (al viernes siguiente tenía un control de "mates" al que no se presentó).

Rodó un buen puñado de filmes. Sus películas iban a veces a cámara rápida, y ello le granjeó varias medallas olímpicas de 100 metros. Eran filmes en blanco y negro. Con la llegada del color se descubrió que él era en blanco y negro en la realidad: existía en escala de grises.

Eran pelis de risa, como esa en que cae un frente de vivienda sobre su estampa y le salva un hueco de la fachada. La risa fue durante los ensayos, cuando el especialista que había contratado quedó sepultado una y otra vez bajo el fachadón. Tras unos ajustes en la composición de la escena, tuvo que rodarla él mismo. El especialista dejó mujer e hijos.

Su éxito se esfumó a mediados de los años 30 tras la llegada del sonido al cine (hasta entonces los espectadores perdían la voz en las salas, no crujían las butacas, y las palomitas no crepitaban al masticar). La buena estrella volvió cuando RENFE lo contrató: un ojeador de la empresa le había visto en "El maquinista de la General". Dispusieron una cláusula de rescisión de contrato de órdago y el cómico entró en nómina.

Era amigo de sus amigos, enemigo de sus enemigos, primo de sus primos, y en general pariente de sus parientes. En contra de lo que podría parecer sin embargo, no era tío de sus tíos.

Biocaricatura: Clint Eastwood


Clint Eastwood: Actor estadounidense de spaghetti-western, películas con alto contenido en fibra e hidratos de carbono.

Fue en nuestra Almería, allá por los 60, donde el bueno de Eastwood rodó varios pastiches de tiros y cabezas de ganado, dirigido por Sergio Leone, un italiano gordinflón que prefería los canelones al cine, y no hacía más que picar entre tomas.

La primera de aquellas películas, "Por un puñado de dólares", resultó una farsa, pues Clint no cobró un duro. A pesar de ello, participó en varias secuelas de aquel trabajo, pero ya bajo la batuta de otros directores: "El precio justo, forastero", "Euroconversor" y "No cobres ahí..." que finalmente se estrenó como "Cóbrame a mí". Y entonces llegó "El bueno, el feo y el malo" un peliculón donde perseguía el Oro Confederado hasta la sucursal del Phoenix Bank en Tucson, provincia de Arizona (o sea, la estafeta de correos de Alcudia con cachos de porexpán). Y triunfó un montón.

Volvió a los USA en plan "gallu", y se instaló en San Francisco, ciudad en la que había nacido allá por 1930. Adquirió una Magnum 44 con un cañón "diámetro colector de fecales" y ya no se lavó más: ahora era Harry Callahan, "el sucio".

Le vimos por las calles de aquella urbe, apestando, pegando tiros a destajo. Solía disparar primero y preguntar después: "¿Sabes como quedaron los Yankees?" decía a los que se retorcían a sus pies. En cierta ocasión se equivocó y tuvo que disculparse ante la abuelita de 83 que acababa de convertir en un colador: "Huy, perdona mujer, pensé que eras una mafiosa del carajo..." La ancianita era ya una menestra de sangre y vísceras y no articuló palabra. Harry remató aquel requesón allí mismo, por si los de Asuntos Internos la llevaban a testificar.

Eastwood representa al tipo duro sin escrúpulos, un témpano capaz de enrollarse con Meryl Streep o desollar al Bambi ante una excursión de E.G.B.

Durante unos años fue alcalde de Carmel, ciudad en la que aún reside a pesar de ello. Sus métodos rudos no gustaban a la oposición, y tuvo que eliminarla en un pleno: levantó el poncho mejicano que vistió en sus primeros filmes y barrió el salón con la ametralladora de tambor que escondía. Luego escupió un salivazo de tabaco de mascar y levantó la sesión.

El Secretario no levantó acta de tal suceso. Clint recordó una vieja rencilla por un recibo de la contribución, dijo aquello de "alégrame el día", y aprovechando la confusión se cebó en él.

jueves, 22 de marzo de 2007

martes, 20 de marzo de 2007

Biocaricatura: Bob Dylan


Bob Dylan: Cantautor norteamericano de 'canción protesta' que lleva más de 40 años subido a los escenarios... y todavía no ha encontrado uno a su gusto.
Nacido en Minnesota el 24 de mayo del 41, ya le molestó el sitio y la fecha, y empezó a 'roñar'. Y cuando sus padres le comunicaron que le llamarían Robert Allen Zimmerman, se encerró en su cuarto todo el fin de semana.
Aquella vida rural (Minnesota abastece de sémola a seis estados), no era para él. Al cumplir la mayoría de edad se marchó haciendo dedo a Nueva York. Un conductor con halitosis, lo recogió. Bob se quejó de la poca velocidad que alcanzaba la camioneta, y reprochó al hombre su mal aliento. Tres millas después volvía a la cuneta.
Ya en la Gran Manzana, empezó a cantar en bares folk. Actuó en todos los clubs del Greenwich Village. El público de aquellos locales le parecía ruidoso, y las camareras greñudas. Pero aguantó y se hizo famoso; empezó a grabar discos, ya como Bob Dylan. Los productores le preguntaban por su fama de músico 'contestatario'. Él lo negaba: "¿Tengo yo pinta de contestatario? ¿Eh? ¡A ver! ¿Eh? ¿EEEHHHHHHH?"
Fue asiduo del festival campestre de Newport. Aquello era una comuna anual de amor libre y canción. Las chicas se quitaban el sujetador y lo lanzaban al aire: había de todas las tallas, y muchos grupos dormían bajo los XXL. Nadie se depilaba, se fumaba marihuana y la gente llevaba margaritas en el pelo. Pero también podía uno fumarse las margaritas si quería. ¡Era todo tan libre! Aunque a Bob le pareció que la verdadera libertad era que no te cagaran en la caja de la guitarra si eso te molestaba. Y se fue.
En 1967 acudió a una manifestación contra la subida del precio de la sémola (temblaba Minnesota). A la vuelta, le fallaron los frenos de su Triumph 55. La moto venía defectuosa de fábrica, y Bob dejó la dentadura incrustada en un arce al borde del camino. Era incapaz de tocar la armónica desde entonces: se le escurrían y solía tragárselas. Demandó al árbol.
El autor ingresó en una comuna hippie, y estuvo postrado varios meses en su jergón. Se sumergió entonces en una época de misticismo, escribiendo letras surrealistas de tanto leer a Rimbaud. Volvió con más fuerza y comenzó a ganar premios Grammy y Discos de Oro. Los acumuló en el granero de su casa de Woodstock, hasta que tuvo suficientes y se fundió una dentadura nueva.
Hace poco, le dieron un Oscar a la mejor canción.
“Apaga y vámonos", gruñó.