miércoles, 18 de abril de 2007

Biocaricatura: John Wayne


John Wayne: Actor que tiroteaba a los malos. Poseía más munición que el resto del reparto; disparaba hasta en los títulos de crédito. Y todavía le sobraba para la peli siguiente.

Nació en mayo de 1907 en el estado de Iowa. No en todo, sólo en una parte conocida como Winterset. En vez de un pan, vino al mundo con un Winchester 73 debajo del brazo. Aquello supuso una gran decepción para sus padres, que habían juntado algo de salami y querían hincarle el diente en plan bocata.

Años después, Wayne ganaría suficiente para compersarles. Un día de Acción de Gracias, tras el éxito de 'La diligencia', envió una hogaza grande como Nuevo México.

John fue bautizado como Marion Michael Morrison, nombre femenino que le impuso su padre para ir enseñándole las jugarretas que gasta la vida. Pronto recaló en el cine, protagonizando todo el 'western' de serie B de la década: al principio era Marion, la bailarina del 'saloon'. Harto de tanto 'can-can', se cambió el nombre y estudió interpretación en una academia de tiro. Y ya de 'machote' siguió con más series B. Filmes de presupuestos tan bajos que sólo había un caballo: que usaban los buenos.

John Ford le fichó en el 39. Wayne era su hombre: un rudo 'cowboy', un bravucón 'made in USA'. Le había visto llenar una escupidera de la cantina de un solo salivazo.

A partir de ahí, durante más de 30 años, Wayne no paró ni un día. Películas y más películas. Todas de tiros y más tiros; y de vez en cuando, alguna frasecita en el guión, tipo "morderás el polvo" o "maldito cuatrero sin agallas". Esta última le valió un premio de la Academia en 1969. Un 'oscar' con cartucheras.

John Wayne era grandón en cuerpo y alma. A sus más de 1,90 de estatura, había que sumar los tacones de las botas que jamás se quitó. Durante décadas fueron fraguando con su pantorrillas dentro. Por eso su andar 'cansado': tenía los calcetines hechos un 'guruñu' en la punta de los pies.

Ya al final de su carrera, consiguió recuperarlos. Una mañana, tras hacer noche en el desierto de Mojave, preparó una infusión con ellos. Era 'el mejor café' que había probado nunca.

En cuanto al alma, Wayne representa el espíritu norteamericano mejor que nadie: la cosa es ser un 'chuleta'. 'Duke', así le llaman, es el vaquero que todos quisimos ser.

Sólo algunos lo conseguimos.

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